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Frente amplio | El Comercio


Debemos admitir que el sistema político ecuatoriano ha periclitado. Por eso es imperativo renovar completamente las estructuras con actores idóneos y creíbles, para sobre bases imaginativas construir desde ya un futuro prometedor, en donde haya no solo conexión emocional sino racional. Vivimos una era en donde la política no atrae por indecente, y seis millones de jóvenes necesitan participar con nuevos temas e intereses cuando se creen formas flexibles de alineamiento político.

Al respecto cabe mencionar que hace 35 años nació en Uruguay el Frente Amplio por iniciativa de los izquierdistas, que más tarde caminó hacia el centro y gobernó durante tres períodos aplicando una síntesis de lo mejor de la izquierda y lo mejor del sistema de mercado, logrando bajar el número de pobres en 17%, en un régimen democrático y respetuoso de las libertades. Creció la digitalización tecnológica hasta ser -en términos por habitante- el mayor productor y exportador de software de América Latina y el país que mejor ha cuidado la vida de su población durante la pandemia.

Un Frente Amplio de Centro es posible en el Ecuador para ser mejores, no a base de paternalismo facilista sino haciendo sacrificios para salir del hueco económico, social, cultural, tecnológico, sanitario y de seguridad personal. A este esfuerzo deben confluir todos los ecuatorianos de bien, sin ningún distingo ideológico ni de riqueza ni de pobreza y peor étnica. En eso consiste la amplitud. Todos deben ser incluidos en una agrupación extendida a base de moral pública, honestidad y cumplimiento de las obligaciones con el Estado. Solo los corruptos deberán ser excluidos, para que no se inmiscuya la miseria del alma.

Frente implica la variedad de grupos pensantes y Amplio denota la horizontalidad que debe prevalecer para privilegiar a las bases como fuente de participación política. Esto supone ejercicio creciente de la equidad, no luchar contra el sistema sino dentro de él, debatiendo con altura para culminar acuerdos sobre los temas superiores del Estado. Debemos construir esta alternativa como una senda de dignidad frente a la derecha egoísta y codiciosa y a la izquierda infantil y corrupta. Pero todo se hace con esfuerzo, con trabajo y ciencia, con saberes y destrezas para gestionar lo público, a sabiendas que el paternalismo no va más porque la riqueza petrolera se ha pre vendido y está por acabarse.
Un Frente Amplio implica la participación inteligente de toda la sociedad para pagar la deuda histórica que el país debe a los compatriotas indígenas que no salen de su pobreza.

Todo esto debemos hacer con nueva gente y no con los que han fracasado cuando el número de pobres ha aumentado de 30% a 38%, la desnutrición infantil es del 28% y la deuda externa significa el 65% del Producto Nacional. Este Frente Amplio de largo horizonte no es un sueño sino imprescindible para evitar que la crisis acentuada en el 2025 nos lleve al abismo como Venezuela.



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