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Volver a la poesía | El Comercio


La poesía supera el desarrollo de la explicación, aunque, en ocasiones ella misma incluye la explicación, con solo una característica especial: la explicación poética reúne un manojo de sentidos. Por ende, las palabras poéticas comunican mensajes que funcionan, exclusivamente, para cada uno de los receptores, mensajes que no coinciden entre ellos parcial o totalmente. Dicen los filólogos que es la polisemia de la palabra poética.

La poesía aporta con riqueza inagotable, pero su virtud mayor es tocar el lugar de las emociones que denominan corazón. Ahora bien, la emoción es otro tesoro humano, es una ráfaga intensa y su efecto es el silencio.

Esta estrofa de la poesía quichua fue recogida y traducida por Juan León Mera, en el siglo XIX. Este autor es el primero que dio valor a la literatura quichua cuando la insertó en dos de sus libros: Ojeada histórico-crítica sobre la poesía ecuatoriana (1868) y Cantares del pueblo ecuatoriano (1892). La estrofa dice: “De la pasión con el fuego / se abrasa mi corazón, / y quejándose y clamando, / he de morirme de amor”. Diría la retórica que es un buen ejemplo de hipérbole o que es un ejemplo de patetismo o que fuego es metáfora de pasión. Pero, en realidad, quien ha recibido tan intenso amor se apropiará de este mensaje poético.

Carlos Bousoño, en su Teoría de la expresión poética (1952) habla de la contemplación sublime, es decir, de la visión de un mar embravecido, de la enormidad del cielo nocturno sin nubes con infinito número de estrellas, y se pregunta: ¿Cómo abstraer la contemplación sublime en el acervo de la lengua? La respuesta es la función poética y sus diversos recursos. Un ejemplo emocionante es este poema de la lengua quichua, recogido y traducido por los esposos Costales Samaniego, en 1950. Lo trae Hernán Rodríguez Castelo en su Literatura Ecuatoriana, Clásicos Ariel, N°100, s/f. El poema se intitula “Llamado a las montañas”. Dice: “Imbaburita /gran Imbaburita, / Yanaurquito, / gran yanaurco. / Cerro, cerrito / bravo gran cerro. / Chimboracito. / Gran Chimboracito. /Toro piedrita, / toro gran piedra, / Escalerita. / Gran Escalera. / Yanaurquito, / gran Yanaurco. / Cerro Mojanda. Varón de nieve, / varón nevado. / Chimboracito / gran Chimborazo. / Imbaburita, / gran Imbabura…” Los sonidos de los nombres evocan las imágenes de los grandiosos montes, en cambio los diminutivos expresan la emoción del hablante lírico. No son pequeñas montañas, son queridos brazos que acurrucan a los habitantes.

La poesía asombra, ilumina, entristece, impulsa a pensar, arroba y abre los caminos del amor. Cada ser humano tiene su poesía, la cultiva y vuelve a ella, como se vuelve a contemplar el rosal que florece en silencio cuando la luz del alba anuncia el nuevo día.

* De la Academia Ecuatoriana de la Lengua



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