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James Rodríguez: opinión de Jorge Barraza sobre el partido del colombiano Everton vs West Bromwich – Fútbol Internacional – Deportes



Mediodía redondo, perfecto para la mitad de Liverpool. En su segunda presentación por Premier League, el Everton sumó otro triunfo que, si se le agrega el del miércoles por Copa de Liga, son tres de tres. Lleva puntaje ideal en el campeonato, el equipo funciona y abundan las sonrisas, las palmadas, los abrazos. El 5-2 sobre el West Bromwich Albion no dejó ninguna duda: está en el camino deseado por el técnico Carlo Ancelotti, por los jugadores que estaban y sobre todo por los que llegaron, y por el propietario que lleva puesta una fortuna para despertar a este grande dormido que es el Everton.

El abrazo entre Carlo Ancelotti y James Rodríguez al ser este sustituido en el minuto 77 resumió el estado de satisfacción del entrenador para con uno de sus jugadores preferidos y de felicidad del ‘10’ (por ahora ‘19’) por sentirse futbolista otra vez, por responderle al italiano que tanto ha representado en su carrera. James volvió a destacar, marcó un gol de su sello, dio una asistencia con su marca, entró mucho en juego y fue pieza importante del engranaje general. Está todo bien, muy bien en esta flamante y bella aventura inglesa para el cucuteño. Ha vuelto a ser él. Es la maravilla del fútbol, su poder redentor, dos partidos gordos borran de un plumazo tres o cuatro años flacos. Y Carlos Queiroz, feliz a la distancia: en dos semanas se encontrará con un James impecable, reciclado a nuevo, con la moral a tope para encarar la eliminatoria.

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Acaso la excelente victoria del domingo anterior ante el Tottenham impactó más por el rival, por ser de visita y porque fue más trabajada tácticamente, un ajedrez de Ancelotti versus Mourinho donde el portugués dejó caer la reina ante Carletto, un veterano sabio llegado al Everton para componer quizás su último capolavoro. Aquella fue una primorosa tarea colectiva saldada por 1 a 0 apenas, pero convincente, ilusionante por la implicación y actitud de todos. Esta ante el Albion fue más desprolija tal vez, aunque brilla más en la chapa de lo alto del estadio: 5 a 2 hace ruido.

Apenas a los 9 minutos comenzó perdiendo el Everton en una pelota mal entregada por James a André Gomes con tan mala suerte que robó Diangana (acentuado en la a final), el puntero –excelente, por cierto– se fue, se fue, nadie lo paró y al entrar al área sacó un zurdazo que Yerry Mina no atinó a bloquear, al contrario, se esquivó, la bola pasó rozando su pierna y se metió abajo. Fue un golpe en la mandíbula que le costó asimilar al cuadro azul, perdió la pelota y el protagonismo, incluso hubo dos derechazos de Livermore que casi, casi… El primero lo sacó Pickford volando, con esfuerzo; el segundo dio en el palo. Pero llegó el empate como la lluvia en el campo, una bendición. Centro envenenado de James desde el córner (ya había tirado otro precioso a la cabeza de Calvert-Lewin, que se perdió el gol), arremetió Richarlison, metió un tacazo Calvert-Lewin y la bola entró. Protestas, VAR y la tecnología, que en Inglaterra se usa con criterio y prudencia, mostró que el gol era válido pues quien dio el último pase al goleador fue Furlong, un lateral del WBA. Por un gol idéntico le quitaron el título al Barcelona en 2014. Pero entonces no había VAR.

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El 1-1 tranquilizó al Everton y en el filo del primer tiempo –44’ 21”– golazo de James. Richarlison, un tanque que va a todas y las pelea con el alma, se fue por izquierda y habilitó al colombiano, quien desde la medialuna le pegó con la de Stalin clavándola al segundo palo, en la ratonera, ahí donde se juntan palo y césped y donde los arqueros no llegan. Gol marca James para terminar de recargarlo de confianza, de fe. Ya había estado suelto, animado, activo en el juego ante el Tottenham, ahora lo reforzó con el gol y haciéndose dueño del carril derecho, que lo beneficia pues engancha hacia adentro y le queda toda la cancha de frente y su mejor perfil para sacar el zurdazo a la izquierda para la entrada de Richarlison o la subida de Digné.

James celebra en la Liga Premier.

Foto:

Twitter del Everton

Un minuto después, en un encontrón inamistoso de James con Gibbs, fue expulsado el lateral del Albion. James lo cargó con el hombro sin pelota y Gibbs le manoteó la cara. El calvo mister Dean, con su flema imperturbable, le sacó roja al del WBA. Y también al técnico Bilic por quejarse airadamente. En la Premier las bravatas no cuelan.

Al cabo del primer acto, situación ideal para el Everton: 2-1 arriba y con un hombre más. Eso parecía al menos; sin embargo, apenas reiniciado el juego, el brasileño Matheus Pereira le pegó a la brasileña en un tiro libre, suave a un ángulo, una delicatessen y 2-2 (Yerry Mina no saltó, tal vez la sacaba). Otra vez a empujar el local. Y en un precioso centro de Digné (desde la izquierda son de él, desde la derecha, de James), cabezazo de Richarlison, la sacó de milagro el arquero Johnstone dando rebote y Keane, compañero de zaga de Mina, la mandó a la red: 3-2 y otra vez la lluvia aliviando la siembra.

Enseguida llegó el cuarto, tras una perfecta asistencia de James, un globito para Richarlison (una pesadilla para las defensas por su ímpetu y su ambición), remató cruzado y apareció otra vez el oportuno Calvert-Lewin para retocar la trayectoria y enviarla al gol. Cuatro minutos después, el ‘9’ cerraría su cuenta personal y la del partido con otro cabezazo tras nuevo centro milimétrico de Digné. Un jugador curioso Calvert-Lewin, apenas toca la bola y se va con tres goles. Casi no participa del juego, pero está ahí. Nos recuerda a Waldemar Victorino, aquel uruguayo a quien los relatores nombraban una vez por partido, pero ganaba Nacional 1 a 0 con gol suyo, y que tuvo un corto paso por Deportivo Cali.

“En 1978 jugaba en River Plate de Montevideo y nos dirigía el famoso Ondino Viera –nos contó Waldemar–. Nunca entró al campo de juego en una práctica, Ondino, ni se cambiaba, siempre de saco, se quedaba a un costado o se subía a la tribunita, pero era vivísimo. La técnica no era mi fuerte; un día me agarró y me dijo: ‘Mire m’hijito, yo no quiero que me ande con la pelota, deje que anden los otros, usted juégueme en el área. Los defensas por lo menos una vez en los 90 minutos se equivocan, usted tiene que estar ahí y tiene que meterla. ¿Sabe quién va a ser el mejor jugador de la cancha?, usted; aunque la haya tocado una sola vez’. Esas palabras siempre me quedaron y en mi carrera en cierta manera las apliqué”. Calvert-Lewin nunca conoció a Ondino, pero tiene su receta.

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Richarlison es la antípoda, pica treinta veces por partido, obliga. Con ellos dos adelante, James puede formar un trío lucrativo, poniéndoles balones al vacío al brasileño y centros a la cabeza al inglés. El ojo clínico de Ancelotti descubrió el once titular desde el primer día. Coleman, Mina, Keane y Digné en el fondo; Doucouret y Allan como doble cinco; James y André Gomes de enlaces y arriba los dos puntas mencionados. Quizás entre más seguido Sigurdsson por Gomes, pero de ahí no se moverá mucho, aunque el entrenador hace jugar a todos, ese es uno de sus secretos para mantener siempre alegre el vestuario.

Recién empieza la Premier, pero era imposible para el mundo Everton imaginar un arranque mejor: 5 a 2, punteros, la orquesta se escucha y suena bien. Segundo partido en Inglaterra y segundo como titular, primer gol, primer pase-gol. Así es otra cosa, ¿no James? Se gana menos, pero se vive mejor. ¿Quién dijo que el Everton era mal destino?

Jorge BarrazaPara EL TIEMPO@JorgeBarrazaOK

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