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El Rey Lear | El Comercio


Nuestros noticieros suelen ser más entretenidos que interesantes (así pasa en la vida de la mayoría), pero es evidente que la próxima contienda electoral y las noticias sobre los candidatos (muchos), las propuestas (pocas), las alianzas, los matrimonios y los divorcios partidistas, nos ubicarán durante los próximos meses en el horizonte de una lucha despiadada.

La aparición en el escenario público de un número creciente de personajes descentrados e irrelevantes ilustra la famosa escena con la Shakespeare nos advertía en su Rey Lear: Locos guiando a ciegos: es la desgracia de estos tiempos”, exclama el hombre al que el poder ha condenado a la ceguera y pide a un loco que le lleve como lazarillo camino del abismo donde quiere morir.

Es una imagen muy poderosa y muy certera. No es que el espectador piense en los oscuros tiempos de antaño, sino que proyecta la frase hacia el presente. Así, en gran parte, nos ocurre hoy. Fácilmente encontramos a muchos ciegos guiados por locos, enceguecidos todos por el poder y el dinero. Es la virtud del clásico que siempre perdura y del vicio del hombre que nunca aprende. La frase de Shakespeare también os la podemos aplicar nosotros mismos, porque es una frase cargada de verdad cuyo tuétano, hecho de experiencia y de conocimiento, deja el sabor amargo de los desastres de hoy y que, con tanta generosidad, siembra el poder.

Cuando uno lee el Rey Lear sabe que el loco está fingiendo. ¿Y si nuestros locos de hoy también fingieran? ¿Y si los ciegos que los votan no estuvieran tan ciegos? ¿Podría ser, quizá, que nuestros dirigentes, aquellos que son corruptos sin educación y sin templanza, estuvieran representando un papel y los ciegos que los votan estuvieran esperando el momento de recoger las migajas que caen del mantel? La historia abunda en casos semejantes: ¿Estaba loco Hitler? ¿Estaba ciego el culto y noble pueblo alemán? ¿Estaban ciegos los que ocultaban y negaban los infinitos crímenes del estalinismo? ¿Están ciegos los venezolanos que sostienen a Maduro? ¿Están ciegos los ecuatorianos que suspiran por el mesías de turno?

Las elecciones próximas dejan en evidencia un panorama poco claro y desalentador.La mayoría de los candidatos no son más que simples ensayos de negociación. Muchos saben que no pueden ganar ni ser presidentes, quizá sólo aspiran a un puesto en la bancada que asegure sus intereses (suficiente con 4% de votos). Lo que más me duele no es la codicia política de algunos, sino la crisis sistémica de valores capaz de debilitar cualquier democracia. No importa tanto el pueblo ni la patria, tampoco el bien común. Importa el espacio de poder, pequeño o grande, que permita la negociación y el reparto de la torta.

Una vez más me acuerdo de tía Tálida, la politóloga de la familia… Ella solía decir: “Hazte el tonto, pero arrímate, que se come más rico”.



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