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Retrato del presidente | El Comercio


Para la peor pandemia el más incompetente al gobierno. La desgracia prolifera y por todas partes se denuncia la incompetencia de los gobernantes. Se diría un concurso muy reñido para elegir al peor. Algunos dicen que Nicolás Maduro, otros dicen que nadie le puede quitar este título a Daniel Ortega; excepto Manuel López Obrador, según otros. Por la capacidad de daño reclaman el trofeo para Donald Trump, pero quedan todavía Kim Jong-Un, Duterte y Pedro Sánchez que preside “el gobierno más incompetente que ha habido en democracia”, según el director del diario ABC de España. Nuestro Gobierno podría participar también en la lid.

Cada cual tendrá su favorito para el título de más incompetente, pero se trata más bien de buscar al más competente para manejar un país en la peor crisis que ha sufrido. Es la tarea que tendremos los ecuatorianos en las próximas elecciones. Si nos equivocamos no tendremos a quién reclamar por nuestra desgracia. Para acertar, deberíamos tener el retrato mental del presidente que queremos para determinar cuál de los candidatos está más cerca.

Buscamos alguien capaz de resolver problemas extraordinarios, deberíamos pues empezar por descartar a los temerarios y a los vanidosos. Los temerarios porque no ven el peligro, no son conscientes del problema ¿cómo podrían resolverlo? Los vanidosos tampoco ven el problema porque solo se ven a sí mismos.

Si queremos encontrar al candidato correcto, no debemos perder de vista lo que buscamos. Hay electores que comentan: es fuerte, guapo y alto; como si estuviéramos buscando un gladiador. Es viejo, sabio y experimentado, dicen otros, como si nos urgiera un consejero. Admiran al gritón, hablador y persistente, como si buscáramos una cotorra. Necesitamos un líder para administrar la crisis.

El retrato del presidente debiera contener, al menos, las siguientes características: ser ecuatoriano, mayor de 35 años y en goce de los derechos políticos, como establece la Constitución. Que haya militado al menos 5 años en algún partido político; que haya servido al Estado en algún cargo público o haya prestado algún servicio relevante a la sociedad. Que tenga formación académica y alguna experiencia como administrador; que exhiba probidad moral y reconocimiento social. No son condiciones que puedan establecerse en las leyes, pero son las que cualquier elector que quiera evitar sorpresas o poner en riesgo el futuro del país debiera buscar en los candidatos.

Por supuesto cada aspirante debiera presentar su ideología y programa de gobierno al Consejo Electoral y a los ciudadanos para evaluar si son declaraciones líricas o programas serios elaborados con datos de la realidad y con el auxilio de expertos. Soluciones concretas para problemas concretos. Estos temas deberían tratar los debates y las entrevistas y no chismografía insulsa y demagogia barata. Sería interesante examinar con estos parámetros a los candidatos y evaluar si merecen participar en primera vuelta.



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